El Catequista



 

Si observamos a nuestro alrededor la cantidad de personas que dudan, que se preguntan sobre el sentido de Dios, de la Iglesia, de su vida, nos daremos cuenta que para responder a éstas y otras preguntas es menester estar mejor preparado. El aconsejar al que lo necesite es una obra de misericordia espiritual, implica dar el consejo recto, usar las palabras correctas y guiar hacia Dios a la persona.
Para esto, es necesario estudiar, leer, vivir la Palabra de Dios; ya no es posible dar respuesta a esta necesidad en la Iglesia sólo con el curso que tomaste hace años o con la plática que se te da antes de tu clase, es necesario que como catequista decidas ser protagonista en la misión de la Iglesia, o ¿Qué harás cuando alguien te pregunte sobre un tema que no preparaste o estudiaste antes de la clase? ¿O de la confusión que se crea al no estar seguro de lo que se dice?.
La respuesta es formarte apostólica y pastoralmente para saber dar razón de tu esperanza y nunca desfallecer en ella.

Es una misión noble

El catequista continúa la obra de Jesús y de los apóstoles: se coloca en línea con los obispos, los sacerdotes y los misioneros; ayuda a la familia que no siempre puede o sabe educar sola a los hijos; ayuda a la patria para formar buenos ciudadanos. Ayuda, sobre todo, a la religión. Ciertamente que el centro de la religión está en la Santa Misa, los sacramentos, las funciones sagradas. ¡Que huellas tan hondas dejan en el alma una primera comunión, el rito del matrimonio, una confesión bien hecha!.
¿Pero qué es lo que se recoge en una Primera Comunión, en el rito del matrimonio bien celebrado?. Lo que el catequista ha sembrado antes. ¿Quién va a Misa, a los actos del culto y saca de ellos fruto práctico?. El que ha sido preparado por un catequista serio y bien preparado.
¿Quién se confiesa con acusación sincera de dolor y propósito firme de enmienda?. El que ha tenido un excelente catequista que lo ha instruido acerca de la confesión con ideas, convicciones y buenos hábitos.




San Pío X dijo: “El apostolado del catequista, es el más grande de los apostolados hoy día”.



Es una misión que lleva fruto

El Anuncio del evangelio es sencillo, lo que puede ser mas difícil es vivirlo. Quizás nos dé miedo como a Jeremías (Jr. 1,5-10). No tenemos oro ni plata; sólo damos lo que tenemos: a Jesús (Hech 3,6).. Damos de los bienes que hemos recibido, porque él tiene más interés que nadie en revelarse. El catequista no es dueño sino siervo, y la semilla la hace germinar el Espíritu del Señor (1 Cor, 3,6: Dios es quien hace crecer”). Desde la convicción de que la Palabra es fecunda y portadora de fuerza transformadora: “como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo… así será mi Palabra. No volverá a mí vacía…” (Is.55,10-11).

Las dificultades se superan. Quien tiene entusiasmo insiste, repite y sobre todo procura prepararse debidamente para hacer atrayente la lección, llega a llamar la atención de los niños.



El fruto no puede faltar, y segura es la recompensa del Señor que ha dicho: “Todo cuanto hayáis hecho a uno de estos pequeños, lo habéis hecho a Mí”, y estas otras “Los que hayan enseñado la justicia a muchos, brillarán como astros en la eternidad”

Pero además hay también fruto y resultado en la tierra. El agricultor recoge la cosecha, pero sólo después de haber arrojado la semilla. El catequista es un sembrador y a veces el efecto de su enseñanza se verá solamente más tarde, en una desgracia, en peligro de muerte, otras veces el fruto es visible en los jóvenes que prepara, que llegan a ser mejores y que son agradecidos al que los instruyó.

Un pensamiento en “El Catequista

  • 16 abril 2016 en 8:08
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    Que bonito significado del catequista, es motivadora resume el sentido de participar en el plan de Dios. transmitir lo que el tiene interes de dar a conocer.

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