Liturgia de las Horas u Oficio Divino

Liturgia de las Horas u Oficio Divino

El Oficio de Maitines, con sus respectivos “Nocturnos”

< La cuarta, el de Laudes, al despuntar el alba.

< Prima, a la seis de la mañana

< Tercia a las nueve de la mañana

< Sexta a las doce del día

< Nona a las tres de la tarde

< Vísperas a las seis de la tarde. Más adelante

< El rezo conclusivo de completas.

Que es el Oficio Divino.

He aquí lo que es, para el Vaticano II, el Oficio Divino, y lo que el mismo dispuso para su renovación:

< “Es el himno que se canta perpetuamente en las moradas celestiales y que Jesucristo, Sumo Sacerdote de la Nueva y eterna Alianza, introdujo en este exilio terrestre”, para unir a Él la comunidad entera de los hombres y para asociarla al canto de este Divino Himno.(CLV n. 83)



< “Es, en verdad, la voz de la misma esposa (la Iglesia) que habla al esposo; más aún: es la Oración de Cristo, con su Cuerpo, al Padre” (ib.n.87).

< Es, además, El Oficio Divino, en cuanto Oración Publica de la Iglesia, Fuente de Piedad y alimento de la Oración personal 8ib.n.90). Y su fin es la santificación del día (ib.n.87).

< Y añade:” Todos cuantos rezan el Oficio, ya en coro, ya en común, cumplen la función  que se les ha confiado con la máxima perfección, tanto por la devoción interna como por la manera externa de proceder; y es conveniente que, según las ocasiones, se cante en el coro y en común (ib.n.99).

Dispone, en efecto, dicha constitución que se restablezca el curso tradicional de las Horas Litúrgicas, dando para ellos normas precisas (n.89) ordena que el clero y cuanto participan en este Oficio “adquieran una instrucción litúrgica y bíblica más rica” (n.90);

Se ocupa expresamente del Salterio, lecturas biografías de los Santos, himnos (n.91-93); los obligados a este rezo, individual y colegialmente (n.95, 96), e invita a lo mismo a comunidades y particulares (n.97, 99); recomiendo vivamente las vísperas dominicales festivas y comunitarias (n.105); y señala reglas para ejemplo de la lengua (iB.101). Todo esto se ha cumplido mediante el “Consilium” ejecutivo de estas normas.




Oficio nocturno y diurno

Los nocturnos correspondían a las cuatro partes o “Vigilias” (velas)

en que los antiguos dividían la noche.

A las tres primeras respondían el oficio de maitines, con sus respectivos “Nocturnos”;



a la cuarta, el de laudes, al despuntar el alba.

Parecidamente, el oficio diurno contaba de cinco divisiones, de tres horas cada una,

conforme a la división greco-romana del día Prima, a la seis de la mañana;



Tercia a las nueve de la mañana;

Sexta a las doce del día;

Nona a las tres de la tarde,



Vísperas a las seis de la tarde.

Más adelante, se agrego el rezo conclusivo de completas.



La reforma vaticana “ha procurado que, en lo posible, las Horas de oración correspondan en verdad al momento del día correspondiente, teniendo en cuenta al mismo tiempo las condiciones de la vida actual” (Inst. Lit. Hor. N. 11).

La Liturgia de las Horas: consagración del tiempo.

Fiel y obediente al mandato de Cristo de que hay que orar siempre sin desanimarse (LC 18, 1), la Iglesia no cesa un momento en su oración y nos exhorta con estas palabras: “Por medio de Jesús ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza” (Hb 13, 15). Responde al mandato de Cristo no sólo con la celebración Eucarística, sino también con otras formas de oración, principalmente con la Liturgia de las Horas, que, conforme a la antigua tradición cristiana, tiene como característica propia la de servir para santificar el curso entero del día y de la noche (10)

Relación entre la Liturgia de las Horas y la Eucaristía.

La Liturgia de las Horas.

Extiende a los distintos momentos del día la alabanza y la acción de gracias, así como el recuerdo de los misterios de la salvación, las súplicas y el gusto anticipado de la gloria celeste, que se nos ofrecen en el misterio Eucarístico, “Centro y Cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana”.

La Celebración Eucarística.



Halla una preparación magnífica en la Liturgia de las Horas, ya que ésta suscita y acrecienta muy bien las disposiciones que son necesarias para celebrar la Eucaristía, como la fe, la esperanza, la caridad, la devoción y el espíritu de abnegación (12).


La santificación humana.

La Santificación humana y el Culto a Dios se dan en la Liturgia de las Horas de forma tal que se establece aquella especie  de correspondencia o diálogo entre Dios y los hombres, en que “Dios habla a su pueblo… y el pueblo responde a Dios con el canto y la oración”. Los que participan en la Liturgia de las Horas pueden hallar una fuente abundantísima de santificación en la Palabra de Dios, que tiene aquí principal importancia (14).

Que la mente concuerde con la voz.

Para que se adueñe de esta oración cada uno de los que en ella participan, para que sea manantial de piedad y de múltiples gracias divinas, y nutra, al  mismo tiempo, la oración personal y la acción Apostólica, conviene que la Celebración seas digna, atenta y devota, de forma que la misma mente concuerde con la voz (19).




Cumbre y fuente de la acción pastoral.

Por consiguiente, los que toman parte en la Liturgia de las Horas contribuyen de modo misterioso y profundo al crecimiento del pueblo de Dios, ya que las tareas Apostólicas se ordenan “a que todos, una vez hechos hijos de Dios por la fe y por el Bautismo, se reúnan, alaben a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la Cena del Señor”. De este modo, los fieles expresan en su vida y manifiestan a los otros “el misterio de Cristo y la naturaleza auténtica de la verdadera Iglesia, que tiene como propiedad el ser…, visible y dotada de elementos invisibles, entregada a la acción y dada a la contemplación, presente en el mudo y, sin embargo, peregrina” (18).


La celebración en común.

Por tanto, cuando los fieles son convocados y se reúnen para la Liturgia de las Horas, uniendo sus corazones y sus voces, visibilizan a la Iglesia, que celebra el Misterio de Cristo (22).

A los religiosos, varones y mujeres, que no están obligados a la celebración en común, así como a los miembros de cualquier instituto de perfección, se les recomienda encarecidamente que se reúnan, bien sea entre sí o con el pueblo, para celebrar esta Liturgia o una parte de la misma (26).

Se recomienda así mismo a los laicos, donde quiera que se reúnan en Asamblea de Oración, de Apostolado, o por cualquier otro motivo, que reciten el Oficio de la Iglesia, celebrando alguna parte de la Liturgia de las Horas.

Es conveniente que aprendan, en primer lugar, que en la acción litúrgica adoran al Padre en Espíritu y Verdad, y que se den cuenta de que el Culto público y la oración que celebran atañen a todos los hombres y puede contribuir en considerable media a la salvación del mundo entero.

Conviene que la familia, que es como un santuario doméstico dentro de la Iglesia, no sólo ore en común, sino que además lo haga recitando algunas partes de la Liturgia de las Horas, cuando resulte oportuno, con lo que se sentirá más insertada en la Iglesia (27).

Estructura de la celebración de la Liturgia de las Horas.

En la celebración comunitaria, como en la recitación a solas, se mantiene la estructura de esta Liturgia, que es un coloquio entre Dios y el hombre… Sin embargo, la celebración comunitaria pone más de manifiesto la índole Eclesial de la Liturgia de las Horas… y por esto debe de preferirse a una celebración a solas y en cierto modo privada (33).


Las Horas principales.

La oración de la comunidad cristiana deberá consistir, ante todo, en las Laudes y las Vísperas. Laudes, como oración matutina, y Vísperas, como oración vespertina, que, según la venerable tradición de toda la Iglesia, son el doble quicio sobre el que gira el Oficio Cotidiano, se deben considerar y celebrar como Horas principales (37).

Laudes (la cuarta).

Las Laudes matutinas están dirigidas y ordenadas a santificar la mañana. Además, esta hora, que se tiene con la primera luz del día, trae a la memoria el recuerdo de la Resurrección del Señor Jesús, que es la luz verdadera que ilumina a todos los hombres (Cf. Jn 1, 9) y “el sol de justicia” (MI 3, 20) “que nace de lo alto” (Lc 1, 78). Por esto hay que bendecir al Señor con la oración de la mañana (37 y 38).


Tercia, Sexta y Nona.

Son las llamadas horas menores del rezo diario, herencia Apostólica, así en Oriente como en Occidente. Deben mantenerse en el Oficio Coral, y también se aconseja rezarlas extra coralmente, en ciertas circunstancias (Inst.Litur.Hor.n.74, 76). Una de las tres, a libre elección, es siempre de rigor. Se llama Hora” media o intermedia”. Son todas para santificar el trabajo entre las 9 y las 15 horas del día.

Aparte de evocar, las tres, sus correspondientes misterios evangélicos, cada una en su himno pide algo especial: tercia el recto uso de la lengua y demás sentidos, y del esfuerzo humano, de cada día; Sexta propicia la concordia y apaciguamiento en la actividad febril del mediodía y excesivos calores; Nona, a medida que el día declina y va llegando la oscuridad, se acuerda de los que van acercándose al atardecer de la vida, y pide que “el cielo eterno sea para ellos galardón de una muerte santa”. De esta forma, el hombre de bien entero, y su quehacer y pensar y sufrir y gozar santo de toda la jornada laboral tan compleja, se beneficia del poder intercesor y salvífico de la Iglesia orante y vigilante, extendida por todo el mundo.

Vísperas.

Las Vísperas se celebran por la tarde, cuando ya declina el día, “en acción de gracias por cuanto se nos ha otorgado en la jornada y por cuanto hemos logrado realizar con acierto”. También hacemos memoria de la redención por medio de la oración que elevamos “como el incienso en presencia del Señor”, y en la cual “el alzar de las manos” es “oblación vespertina” (39).


Completa.

Este ultimo Oficio diario Completa el “Septenario” Oracional a que  alude el Profeta David (Ps.118).Corresponde al momento del descanso nocturno, aunque haya pasado ya la media noche y se le hubiera anticipado el Oficio de la lectura. Así se ha dispuesto con gran acierto, dado  que se vive hoy tan intensamente de noche. Es un rezo muy breve, con examen particular sobre el comportamiento del día, y un saludo filial a la Madre del Cielo y Reina del Mundo, la Virgen María. Coralmente todo esto es más solemne, sobre todo que se suele cantar una de las cuatro celebres antífonas marianas, según los tiempos: SALVE, REGINA-ALMA REDENTÓRIS MÁTER- REGINA COELI-AVE, REGINA COELÓRUM. En los coros benedictinos se termina con la aperción del agua bendita, por el Abad, recogiendo una tradición inmemorial cristiana, hogareña. En efecto, la madre dormía a sus hijitos en la cuna con esa misma aperción, ya que dicha agua no faltaba en las familias cristianas.


Celebración de la Liturgia de las Horas.

La Liturgia de las Horas, como las demás celebraciones litúrgicas, no es una acción privada, sino acción de todo el cuerpo de la Iglesia (Cf. SC n. 26). Por ello debe procurarse que cada uno de los participantes haga ·todo y sólo aquello que le corresponde por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas” (SC n. 28).

La asamblea.

  • Estará abierta a la Palabra y a la contemplación con un silencio activo que facilite la Oración;
  • Responderá a los Salmos proclamados por un lector o cantor con el canto o recitado de las antífonas;
  • Recitará a dos coros los Salmos que responden una recitación plural o coral;
  • Repetirá los versículos responsoriales que constituyen la respuesta en la fe a la Palabra proclamada;
  • Responderá a las preces litánicas con petición insistente;
  • Responderá a los saludos del que preside;
  • Participará en el canto de los himnos.


El que preside la oración.

  • Iniciará las invocaciones primeras;
  • Introducirá la Oración dominical;
  • Recitará la Oración final;
  • Bendecirá al pueblo si es Sacerdote o Diácono, o pronunciará una bendición invocativa si no lo es;
  • Puede hacer una breve homilía después de la Lectura de la Palabra de Dios.


El lector.

  • Proclamará las Lecturas Bíblicas, los Salmos y los versículos responsoriales, cuando estas partes sean encomendadas a una sola persona;
  • Cuando hay varios Salmos que proclamar, es mejor que se distribuyan entre varios lectores


El cantor o cantores.

  • Entonará los himnos;
  • Cantará los Salmos o versículos  encomendados a una sola persona;
  • Iniciará el canto de las antífonas.


Cómo celebrar Laudes y Vísperas cuando al principio

o al fin del día se celebra también la Santa Misa:

presentamos un doble esquema.


– Rito de entrada.

–         Saludo inicial

–         Rito penitencial y Señor, ten piedad (pueden omitirse),

–         Salmodia del oficio

–         Gloria (cuando está mandado),

–         Oración de la Misa,

–         Liturgia de la Palabra (propia de la Misa y homilía),

–         Preces del Oficio, (se omite el Padrenuestro),

–         Presentación de ofrendas. Plegaria Eucarística. Padrenuestro y Comunión,

–         Cántico Evangélico y antífona (cántico de Zacarías o cántico de la Sma. Virgen María),

–         Oración después de la Comunión,

–         Rito de despedida.

– Introducción del Oficio.

–        Invocación inicial;

–        Gloria al Padre e himno,

–         Salmodia del Oficio,

–         Se omite el Rito Penitencial y, si parece oportuno, el Señor, ten piedad.

–         Gloria (cuando está mandado),

–         Oración de la Misa,

–         Liturgia de la Palabra (propia de la Misa y homilía),

–         Preces del Oficio, (se omite el Padrenuestro),

–         Presentación de ofrendas. Plegaria Eucarística. Padrenuestro y Comunión,

–         Cántico Evangélico y antífona (cántico de Zacarías o cántico de la Sma. Virgen María),

–         Oración después de la Comunión,

–         Rito de despedida.

Como meditamos las Horas Tercia, Sexta, Nona y Completas:

Tercia, Sexta y Nona.

–        En las tres horas, a la introducción consabida,

–       Siguen: el himno propio de cada una;

–       una antífona y tres Salmos;

–       Lectura breve con versículo;

–       la Oración conclusiva del día,

–       terminando con “Bendigamos al Señor; demos gracias a Dios”.

Completas.

–        Dicha la Introducción,

–        se aconseja hacer un breve examen de conciencia y Acto Penitencial, como en la Misa;

–        sigue el himno;

–        la Salmodia (Ps.4 y 133, ó 90);

–        Lectura breve con su responsorio;

–        cántico Evangélico “Nunc dimittis”;

–        Oración conclusiva

–        bendición  pidiendo una noche santa y final del día tranquilo.

–        La jornada se corona con un Saludo a la Sma. Virgen,

–        mediante una de las cuatro famosas antífonas marianas, con su Oración.

5 pensamientos en “Liturgia de las Horas u Oficio Divino

  • 16 septiembre 2014 en 5:41
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    Muchas gracias, porque esta presentación es didáctica y motivadora para el rezo del Oficio Divino.

  • 22 noviembre 2014 en 5:19
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    Muchas gracias! por la breve y sencilla explicación acerca de la oración de la Iglesia, toda junta, a lo largo de las horas y de los siglos. intentaré participar diariamente en laudes y visperas, al menos.

  • 29 septiembre 2015 en 21:47
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    mucho agradezco el permitir entrar en este campo de oración, me agrada sobremanera las explicaciones que son de fundamento dentro de nuestra vida para corresponder de alguna manera a la conquista de la eterna felicidad; deseo continuar con este seguimiento para alabar mejor de nuestro Padre Dios Trino y uno. Con respeto y cariño siento agradecer de corazón.

  • 31 octubre 2016 en 12:33
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    ¡Gracias a Dios!
    Vuestra ayuda me ha aclarado muchas cosas.
    La Paz del Mesías prometido, nuestro Redentor y Salvador Jesucristo, esté siempre con vosotros.

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