Oración para el Año de la Fe: el Credo-Constantinopolitano

  • Creo en un solo Dios,
  •  Padre todopoderoso,
  • Creador del cielo y de la tierra,
  • de todo lo visible y lo invisible.
  • Creo en un solo Señor, Jesucristo,
  •  Hijo único de Dios,
  •  nacido del Padre antes de todos los siglos:
  • Dios de Dios, Luz de Luz,
  • Dios verdadero de Dios verdadero,
  • engendrado, no creado,
  • de la misma naturaleza del Padre;
  • por quien todo fue hecho;
  • que por nosotros los hombres,
  •  y por nuestra salvaciónbajó del cielo,
  •  y por obra del Espíritu Santo
  •  se encarnó de María, la Virgen,
  • y se hizo hombre;
  • y por nuestra causa fue crucificado
  • en tiempos de Poncio Pilato;
  • padeció y fue sepultado,
  • y resucitó al tercer día,
  •  según las Escrituras,
  • y subió al cielo,
  • y está sentado a la derecha del Padre;
  • y de nuevo vendrá con gloria,
  •  para juzgar a vivos y muertos,
  • y su reino no tendrá fin.
  • Creo en el Espíritu Santo,
  •  Señor y dador de vida,
  • que procede del Padre y del Hijo,
  • que con el Padre y el Hijo
  •  recibe una misma adoración y gloria,
  • y que habló por los profetas.
  • Creo en la Iglesia,
  •  que es Una, Santa, Católica y Apostólica.
  • Confieso que hay un solo bautismo
  •  para el perdón de los pecados.
  •  espero la resurrección de los muertos
  • y la vida del mundo futuro.
  • Amén.

 

Credo Niceno-Constantinopolitano



Credo Niceno-Constantinopolitano

Fundador: Primer Concilio Ecuménico en Nicea
Deidad: Dios Padre, Jesucristo y Espíritu Santo
Tipo: Cristianismo
Texto sagrado: La Biblia como la Palabra de Dios.
Nace en: 325 d.C., siglo IV
Tierra Santa: Imperio Romano
Religiones relacionadas: Catolicismo, Protestantismo y Iglesia Ortodoxa.
 

 

 



 

 

 

 

 



 

 

Credo Niceno – Constantinopolitano



Es la profesión de la fe cristiana, común a la iglesia Católica, a todas las iglesias orientales separadas de Roma, y a la mayoría de las denominaciones protestantes, tal como se aprobó en forma ampliada en el Concilio de Constantinopla.

Poco después del Concilio de Nicea se compusieron muchas y nuevas fórmulas de fe, siendo la mayoría de ellas variaciones del Símbolo de Nicea, para hacer frente a nuevas fases del arrianismo. Al menos hubo cuatro antes del concilio de Sárdica en 341, y en él se presentó una nueva fórmula que se puso en las Actas, aunque no la aceptó el concilio.

El Símbolo niceno, sin embargo, continuó siendo el único en uso entre los defensores de la Fe. Gradualmente fue siendo reconocido como la profesión apropiada para los candidatos al bautismo. Su alteración en la fórmula Niceno-Constantinopolitana, la que ahora usamos, se suele atribuir al concilio de Constantinopla, puesto que el de Calcedonia (451) , que lo designó como “El Credo del Concilio de Constantinopla de 381” hizo que se leyera dos veces y que se pusiera en las Actas.



Los historiadores Sócrates, Sozomen y Teodoreto no mencionan esto, aunque sí que testimonian que los obispos que permanecieron en el concilio tras la partida de los Macedonios, confirmaron la fe de Nicea. Hefele (II,9) admite la posibilidad de que nuestro credo actual se una condensación del Tomo ( Gr. tomos),i.e., la exposición de las doctrinas sobre la Trinidad hechas por el concilio de Constantinopla, pero prefiere la opinión de Rémi Ceillier y Tillemont, que rastrean la nueva fórmula al “Ancoratus” de Epifanio escrito en 374. Hort, Caspari, Harnack, y otros son de la opinión de que la forma Constantinopolitana no se originó en el concilio de Constantinopla, ya que no está en las Actas del concilio de 381, y que se insertó más tarde, porque Gregorio Nacianceno que estuvo en el concilio sólo menciona la fórmula nicena advirt Vossius (1577-1649) fue el primero en detectar la semejanza entre el credo del “Ancoratus” y la formula bautismal de la iglesia de Jerusalén. Hort (1876) mantiene que el símbolo es una revisión de la fórmula de Jerusalén, en la que se han insertado las más importantes aseveraciones sobre el Espíritu Santo El autor de la revisión puede haber sido S. Cirilo de Jerusalén (315-386). Se ofrecen varias hipótesis sobre la tradición de que el símbolo niceno-constantinopolitano se originó con el concilio de Constantinopla, pero ninguna es satisfactoria. Sea cual fuere su origen, lo cierto es que el concilio de Calcedonia (451) se lo atribuyó al de Constantinopla y si de hecho no se compuso en él, fue adoptado y autorizado por los Padres reunidos en la asamblea como verdadera expresión de la Fe. La historia del Credo se completa en el artículo Filioqueiendo que está incompleta en lo que se refiere al Espíritu Santo, lo que muestra que no supo de la forma constantinopolitana que corrige esa deficiencia y porque los Padres latinos aparentemente nada saben de ella antes de mediado el siglo quinto.

Vossius (1577-1649) fue el primero en detectar la semejanza entre el credo del “Ancoratus” y la formula bautismal de la iglesia de Jerusalén. Hort (1876) mantiene que el símbolo es una revisión de la fórmula de Jerusalén, en la que se han insertado las más importantes aseveraciones sobre el Espíritu Santo El autor de la revisión puede haber sido S. Cirilo de Jerusalén (315-386). Se ofrecen varias hipótesis sobre la tradición de que el símbolo niceno-constantinopolitano se originó con el concilio de Constantinopla, pero ninguna es satisfactoria. Sea cual fuere su origen, lo cierto es que el concilio de Calcedonia (451) se lo atribuyó al de Constantinopla y si de hecho no se compuso en él, fue adoptado y autorizado por los Padres reunidos en la asamblea como verdadera expresión de la Fe. La historia del Credo se completa en el artículo Filioque



 

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